Taxis
La mayoría de los taxis brasileños están equipados con taxímetros. Se paga la cantidad que marca el taxímetro en el momento de acabar la carrera (sólo os pueden cobrar un suplemento sobre ese precio si lleváis maletas).
Existen dos tarifas diferentes: la normal (o bandeira 1, identificada por un número 1 en el taxímetro), y la bandeira 2, que es más cara y se aplica en carreras nocturnas o durante domingos y festivos (identificada por un número 2 en el taxímetro, que hace que este corra más rápido).
En zonas rurales algunos taxis pueden tener una tarifa predefinida para realizar un determinado trayecto. En zonas urbanas se puede negociar una tarifa fija cuando se va a realizar un desplazamiento largo (por ejemplo, al aeropuerto).
En general, los taxistas brasileños son honrados y no os intentarán timar. Cuidado en los aeropuertos con los taxistas no oficiales (muchos trabajan de forma clandestina) porque ahí es donde se reúne la mayor cantidad de taxistas granujas de Brasil.
En ciudades grandes como São Paulo o Río es bastante común que el taxista no tenga ni idea de cómo se llega al destino que queréis ir. Por eso, si vais a un destino fuera del centro, es mejor que tengáis una idea básica de por dónde ir para indicarle el camino al conductor.
Los taxis se pueden parar en la calle, en paradas (pontos) de taxis, o llamarlos por teléfono.

